Depresión Canina: El Tiene la Depre.... ¿Y Usted la Culpa?
La depresión es un mal que no hay que tomarlo a broma; puede ser el comienzo de un calvario que, no lo dude, sufrirá la familia al completo.
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Esta es la pequeña gran historia de mí vida... Mi madre ya me lo advirtió: "nunca pienses en casarte, se te acabará lo bueno".
Y vaya si tenía razón!: un marido, tres hijos y sólo 24 horas para atenderles frieron el resultado de aquel pronóstico. Pero ahí no acabó el asunto.
Como en la película de José Luis Berlanga "La familia y uno más", yo también quise ampliar mi "prole", y así fije como un buen día les sorprendí a todos llevando a casa a Baster (un cachorro de Collie).
¡Este sí que resultó un éxito de taquilla!... |
Tanto fije así que, en el reparto de esta historia, el perro tomó, durante algún tiempo, el papel protagonista. Al principio todo marchó sobre ruedas; Baster no tardó en ganarse el cariño de la familia, y en especial el de los niños, Pero el problema surgió cuando el cachorrito se hizo adulto y perdió su atractivo. Poco a poco, Baster dejó de ser el favorito y se convirtió en un objeto que no merecía atención. Los niños se habían convertido en adolescentes caprichosos, preocupados por el teléfono y por los pantalones de marca. Ya no había peleas por sacarle a pasear, y menos aún por jugar con él.
Pobre Baster
El pobre animal acusó la falta de atención, o al menos ésta infeliz, en definitiva, la única explicación que más tarde nos daría el psicólogo canino, cuando diagnosticó a Baster su depresión.
Los síntomas eran muy claros: apatía, somnolencia, decaimiento, excitación..., y como telón de fondo, un estado de abatimiento permanente; el cuadro depresivo nos llegó a alarmar de tal manera que hicimos todo lo posible por sacar a Baster de aquel "agujero"; una vez dejado el caso en manos del especialista, nosotros colaboramos en todo lo que pudimos y... a las dos semanas, Baser recuperó su buen humor.
De alguna manera, aquello fue una lección, y aunque el día no sea lo suficientemente largo para todos (debo confesar que, de vez en cuando, pienso: ¿por qué no te hice caso, mamá?), ahora sí puedo presumir de tener una verdadera familia "al completo".
Por un Muñeco...
Esa carta, recibida el pasado 3 de febrero y firmada por Amalia Fernández Castro (de Murcia), nos puso sobre aviso: los perros también sufren depresiones. Inmediatamente nos pusimos manos a la obra, y poco tardamos en descubrir que situaciones como ésta repiten con relativa frecuencia aunque las causas pueden ser diferentes, pero como la mayoría de las depresiones, están relacionadas con el estrés y la falta de afecto.
| Caso curioso, destacamos el que nos contó Eugenio Velilla, adiestrador: un Golden Retriever de 7 meses de edad entró en una crisis depresiva tras perder su muñeco favorito; ni la entrega de nuevos juguetes, ni una mayor dosis de afectividad por parte de sus dueños, pudieron mitigar el mal. |
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Finalmente, sólo la administración de fármacos pudo sacarle del agujero.
No menos curioso fue el de un Pastor Alemán de 13 meses que vivía con sus amos en un enorme chalet. Tenía prohibida la entrada a la casa, excepto cuando el abuelo, aprovechando la ausencia de sus hijos, le permitía disfrutar del calor del hogar. Debido a una larga enfermedad del anciano, el perro permaneció atado a su caseta. A raíz de la muerte del enfermo, el perro se negó a salir de su pequeña guarida, viéndose los propietarios obligados a solicitar la ayuda de un especialista. Finalmente, el perro recuperó la confianza en sus amos y, como consecuencia, su alegría.
Casos aparte, lo importante es ser conscientes de que los perros son proclives a padecer una enfermedad de esta categoría, y que sus dueños pueden ser los responsables. A ellos corresponde, también, poner fin a la enfermedad.
¿Quién es responsable?
La definición que nos aporta el Diccionario para el término "depresión": Estado patológico con disminución general de toda la actividad psíquica, afectando especialmente al componente afectivo, es aplicable al perro; la única diferencia con la afección que sufrimos los humanos viene dada, primero, por la falta de experiencia en la terapéutica animal, y segundo, porque no debemos olvidar que al perro no se le puede tumbar en un diván y pedirle que nos hable del motivo de su mal. En cualquier caso, los expertos han desarrollado la teoría de la receptividad sensitiva para comprender, dentro de lo posible, las causas que llevan al animal hacia la depresión. Según Borsu Afshari, veterinario especialista en psicología animal: "Esta teoría explica que una gran parte de las depresiones caninas tiene mucho que ver con los amos. Si no le prestan atención y le relegan a un segundo plano, el perro se sentir rechazado, no admitido en su núcleo familiar y, como consecuencia, entrar en crisis.
De todos modos, para comprenderlo un poco mejor, es importante distinguir dos tipos de depresiones: endógena y exógena.
La primera se caracteriza por la ausencia aparente de motivaciones externas; es decir, su origen es genético o, si se prefiere, hereditario.
La segunda es consecuencia directa del entorno y puede estar motivada por múltiples causas. |
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A la hora de encontrar soluciones, también hay que hacer diferencias, puesto que la depresión endógena, al no tener su origen en el exterior, es bastante más dificil de curar. La exógena si dispone de tratamientos concretos que permiten una rápida solución. De hecho, las terapias no suelen durar más de dos o tres semanas, con resultados excelentes.
Ojo a Estos Casos
- ¿Donde está mi humano?
La ausencia del amo provoca, en ocasiones, inestabilidad emocional y, en muchos casos, estrés. Como consecuencia, el perro a entrar en un estado de agitación que le agotará.
- Me Cansa estar solo.
Cuando un animal permanece mucho tiempo en una residencia para perros, es probable que sufra estrés, con el agotamiento psíquico que este mal conlleva. Al regresar a su casa, está demasiado agotado como para mostrar alegría. En ocasiones, los amos creen que se está vengando de ellos por dejarle solo, cuando sólo se trata de una consecuencia lógica de estrés. Cuando los síntomas perduran, puede llegar la depresión.
- Mi humano ha muerto.
La desaparición repentina del amo y la seguridad de que éste no va a volver conduce a una depresión más o menos grave.
- Me han quitado el rabo.
La alteración psicológica provocada por la amputación del rabo o de las orejas pueda provocar una depresión, sobre todo en animales adultos.
- No me pegues más.
Los perros que sufren malos tratos se caracterizan por un abatimiento constante, mirada inexpresiva, relajación muscular de las facciones de la cara, actitud de miedo, e incluso comportamientos neuróticos.
- A esta chica no le gusto.
Es decir, una hembra canina no le ha hecho caso. En estas situaciones, la deprasión es muy probable y es consecuencia de una privación: el animal no puede entender un rechazo sexual que frustra sus apetencias.
- Me han robado el puesto.
Cuando un nuevo inquilino llega al hogar (bebés, otra mascota...), el perro puede sentir celos y entrar en crisis.
- Soy el rey.
Una vida carnada de innecesarias atenciones le puede convertirle en un animal fisica y psíquicamente débil.
- Ya estoy viejo.
Cuando un perro llega a la vejez, ve mermadas sus posibilidades (pesadez, torpeza en sus movimientos, pérdida de visión...), lo que puede ocasionarle una crisis depresiva.
- ¿..Pero no estoy embarazada?
Un falso estado de buena esperanza puede desembocar en una fuerte alteración psicológica al finalizar el supuesto periodo de gestación; los tan deseados cachorros no llegan, y la hembra sufre un shock emocional.
Mi perra una vez perdió a sus cachorros, luego de una dolorosa cesárea no pudimos salvarlos, y entró en un estado de depresión... justo en esos días me reglaron un gato, y esa fué la solución para su depresión, ella lo adoptó y desbordó todo su amor maternal en él... Sé que no es normal que le den una mascota a su mascota, pero para nosotras funcionó a la perfección. = )
- Primer ciclo menstrual.
La falta de raciocinio de la perra le impide comprender lo que está ocurriendo, la reacción ser de aislamiento e inapetencia, pudiendo desembocar estos factores en una depresión.
Atención a los Síntomas
De todos modos, no hay que alarmarse, y bajo ningún concepto llevarse la manos a la cabeza si el perro despierta, un buen día, con el ánimo por los suelos.
Las formas de exteriorizar la enfermedad, independientemente de su origen, son similares en todos los casos: apatía general, falta de respuesta ante estímulos gratificantes, somnolencia, inapetencia, sed excesiva, etc. Esto no quiere decir que los síntomas no puedan variar de un ejemplar a otro.
Según Ignacio Siena, especialista en psicolog¡a animal: "En las depresiones no existen razas, sino individuos. Cuanto más hipersensible es el animal, más riesgo hay de padecer la enfernedad".
Ahora bien, si nos anteponemos a las estadísticas, los Terrier, los perros mestizos y, en general, los ejemplares adquiridos en albergues caninos (cuyo origen se desconoce), son los más proclives a padecerla; asi mismo, estos datos aseguran que las hembras son más propensas que los machos a la enfermedad, en una proporción de tres a uno.
Soluciones, No milagros
Ante la sospecha de que el perro puede estar cayendo en una crisis depresiva, lo recomendable será acudir a un especialista. Es importante señalar que más de un amo ha acudido con su perro a la consulta del psicólogo esperando que, al día siguiente, su peludo amigo se soltara la melena y le premiara con un zapateado. No se trata de esperar milagros, pero si de ayudar al perro a buscar una solución para recuperar su equilibrio emocional. Según Eugenio Velilla: "Para lograr un buen diagnóstico, es absolutamente necesario que el especialista observe al perro en su entorno habitual. Por lo general, se efectúan dos visitas de unos noventa minutos de duración. Después se pide la colaboración de la familia para iniciar el tratamiento oportuno".
De hecho, la depresión en los perros es muy fácil de solucionar si se dispone de los medios adecuados. No suele ser necesaria la administración de fármacos, ya que las depresiones suelen ser estados transitorios, con la ventaja de que, frente a las humanas, las caninas carecen de contenido cognitivo (capacidad de pensamiento).
En cualquier caso, los mejores "antídotos" contra la depresión son:
Mantener vivo el contacto con el perro y la actividad, Ambos factores favorecen el equilibrio psiquico del animal. No obstante, si no se le puede dedicar todo el tiempo deseado, convendrá ayudarle a sobrellevar la soledad estimulándole con música durante las ausencias, y nada más fácil que dejar la radio o la televisión encendída para que se entretenga. De todos modos, no hay que olvidar que cualquier perro prefiere el afecto, la relación directa con su propietario y la seguridad de su líder, a la libertad de vivir bajo su indiferencia o, lo que es lo mismo, al inmutismo afectivo.
Las Depresiones Son Amigas de...
- Situaciones de aburrimiento.
Sin nada con qué estimular al perro, la inactividad mental puede desencadenar en un estado de apatía y letargo psicológico.
- Reclusiones Solitarias.
El ladrido, si es especialmente rítmico, es una de las manifestaciones más comunes de la frustración.
- Familias Desorganizadas
Ante un desorden doméstico, no es recomendable la compañia canina; la ausencia de hábitos en la vida del perro, además de producirle un desajuste funcional, podría provocar un desastre psicológico.
- Ansias de Compañía
Los perros llegarán a alterar su comportamiento si se les deja solos demasiado tiempo, incluso desarrollando comportamientos neuróticos.
- Falta de Afecto
Una disminución en la dosis de afectividad será, sin duda, traumática para cualquier can.
Fuente: Revista Cachorros y Mascotas.-
Editado por Vida de Perros.
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